"Tenía estos pensamientos y deseos obsesivos que intentaba controlar, pero no podía. Estaba completamente poseído.
No maté porque estuviera enfadado con ellos, no porque los odiara: maté porque quería conservarlos conmigo.
Y a medida que crecía mi obsesión, empecé a conservar partes de sus cuerpos: cráneos y esqueletos."
Entre 1978 y 1991, Jeffrey Dahmer asesinó a diecisiete hombres.
Los atraía con calma y dulzura, luego los drogaba, les quitaba la vida y los conservaba.
A algunos los dibujó, a otros los fotografió. Intentó conservarlos para siempre.
En el juicio declaró: "No actué por odio."
Dijo que lo había hecho por amor: por la necesidad incontrolable de poseer, de no ser abandonado nunca, de aferrarse a lo que de otro modo desaparecería.
En esa obsesión nació algo paranormal: la coexistencia de dos presencias dentro de un mismo cuerpo, dos naturalezas inseparables y en guerra.
Es dentro de ese espacio suspendido donde nace Jeffrey: la segunda fragancia del mundo dedicada a un asesino en serie, y el segundo capítulo de la Crime Collection de Spiritica.
Un perfume que investiga la dualidad, la mente dividida y la tensión entre la luz y la oscuridad.
La composición nació de una visión compartida.
Junto al fundador Daniele Muratori Caputo, los perfumistas Paolo Cerizza y Lorenzo Orlandi Berti colaboraron en la creación de un equilibrio olfativo complejo e inquietante, donde el frío y la dulzura se alternan como estados mentales.
La apertura es afilada, fría, casi clínica: cerveza helada, acorde de popper, naranja blanca, levadura viva, aldehídos ácidos.
Es el olor de la vida cotidiana antes de fracturarse: la calma engañosa de una habitación limpia, el instante antes de la caída.
El corazón se abre como una herida que respira: alfombra sucia, clavel, sangre coagulada, sudor humano, cuchilla afilada.
El aire se vuelve pesado, casi sólido.
Es el olor de una mente resquebrajándose, del eco paranormal que persiste, de presencias flotando más allá del tiempo: un mundo donde la realidad y la alucinación coexisten, donde el cuerpo y el alma se disuelven el uno en el otro.
El fondo es la confesión más dulce: plástico derretido, sótano húmedo, ámbar, abedul, vetiver.
Es la caricia inquietante de un amor tóxico, la promesa que se niega a desvanecerse, la ternura que se convierte en obsesión.
Una fragancia que se aferra a la piel como un recuerdo que se resiste a morir.
Una mención especial para Lorenzo y su equipo en Only the Dreamers, que crearon una tapa única en su tipo, con un extraordinario acabado flocado y grabado al láser: una textura exclusiva que reproduce la mismísima alfombra del apartamento de Jeffrey.
Jeffrey es una obra olfativa extrema.
Una historia de atracción y aniquilación, de ternura y locura.
Un perfume que no se limita a evocar: respira, permanece, posee.
No es un producto comercial.
Es una creación artística —libre y deliberada— que utiliza el lenguaje del aroma como medio de narración e introspección.
Como una película o un libro, Jeffrey narra, provoca e invita a la reflexión.
Es una obra de arte para llevar puesta, un fragmento de humanidad perturbada y dolorosamente real transformado en experiencia sensorial.
Para el desarrollo histórico y conceptual de esta fragancia, el fundador también colaboró con Daniela Cavallo, licenciada en Derecho y criminóloga, quien contribuyó a definir el perfil conductual del asesino y la estructura narrativa del proyecto.
Como ella misma afirma:
"El perfume se convierte en un diálogo entre el estímulo emocional y el narrativo: una obra artística que explora el alma humana y sus contradicciones."
"Dahmer evoca notas muy particulares y poco convencionales. Es una fragancia narcótica, fría pero capaz de despertar, al mismo tiempo, una sensación de calidez: el abrazo de un hombre."
Tras su captura, Jeffrey Dahmer se declaró completamente culpable.
Eligió cooperar con los investigadores y pidió al juez la pena de muerte, una condena que no se le impuso, ya que no estaba permitida en ese estado.